



El caballo moderno puede rastrear su origen hasta el Eohippus, un ancestro del tamaño de un zorro que habitó Norteamérica hace unos 55 millones de años y cuya evolución dio paso al género Equus hace entre 4 y 4.5 millones de años, desde donde se expandió hacia Asia, Europa y África a través del puente terrestre de Bering.
Durante cientos de miles de años, los primeros humanos cazaron caballos como alimento, como evidencian restos arqueológicos y pinturas rupestres; sin embargo, hace unos 4,000 años, en las estepas entre el Cáucaso y los mares Negro y Caspio, comenzaron a criarlos y montarlos, marcando un giro histórico que transformó el transporte, la guerra y el intercambio cultural.
Expertos como el arqueozoólogo William Taylor sostienen que el uso del caballo permitió mover ideas, comercio y conflictos a una velocidad inédita, influyendo directamente en el desarrollo de civilizaciones desde Egipto y Grecia hasta Mongolia y China.