



Las protestas por la muerte de Corey Ruiz, fallecido el pasado miércoles tras ser baleado por un oficial en el barrio de Marquette, han sacudido a la capital de Wisconsin. Ruiz, de 38 años, es la tercera persona que muere a manos de la policía de Madison en esa misma zona desde 2012, un hecho que reabrió la brecha sobre las tácticas policiales y la inequidad racial.
La ola de manifestaciones alteró por completo el movimiento habitual del verano. Manifestantes irrumpió en un concierto de la Orquesta de Cámara de Wisconsin ante 30.000 personas, provocando la cancelación de las siguientes presentaciones. Asimismo, la apertura del nuevo mercado público fue postergada y el festival AtwoodFest quedó suspendido.
Los organizadores del evento comunitario afirmaron que no era posible mantener la normalidad ante un hecho que genera "profundo dolor e indignación".
A su vez, el mercado de agricultores del centro redujo su jornada sabatina cuatro horas antes de lo previsto. La medida generó divisiones entre la población: mientras algunos asistentes enfatizaron que la prioridad absoluta debe ser la pérdida de una vida humana, comerciantes y visitantes expresaron frustración por el impacto económico directo sobre los productores locales.
El abogado Ben Crump, en representación de los allegados de Ruiz, exigió el procesamiento penal del agente involucrado. Por su parte, el jefe de la Policía de Madison, John Patterson, solicitó cautela hasta que concluyan las indagatorias.
Durante una comparecencia ante la prensa, el jefe policial permitió que los manifestantes expresaran su descontento y formularan preguntas directamente. La investigación sigue abierta a cargo de las autoridades locales y estatales.